Dónde debemos poner el límite a los Celos

Dónde debemos poner el límite a los Celos

Aunque para muchos los celos son parte intrínseca del amor, una consecuencia inevitable de estar en pareja y que por tanto hay que tolerar y/o hacer lo que sea en nombre del amor, no puedo evitar plantearme Dónde debemos poner el límite a los Celos o si realmente debemos ser capaces de aguantarlo todo en nombre de eso que llamamos amor.

Hablar de emociones siempre es un terreno pantanoso, porque cada uno tiene su visión de cómo deben ser, cómo sentirlos y expresarlos, pero creo que hay un límite claro que podemos trazar sin sentirnos culpables por hacerle daño a esa otra persona que queremos.

Está claro que los celos son inseguridad, ese tipo de alarma que te dice que debes hacer cosas para no perder al ser amado, pero ser demasiado celosos suele ser contraproducente, por tanto es necesario un poco de autocontrol en este sentido y entender que el único comportamiento que podemos dominar y controlar es el nuestro, y que con la persona amada solo podemos portarnos bien y demostrarle nuestro afecto esperando que esto sea suficiente para que quieran estar con nosotros.

No hay fórmulas mágicas, ni violencia, ni jueguecitos psicológicos que valgan para que otra persona nos quiera, cuando buscamos el amor verdadero.

Y es un tema controvertido porque hay una fina línea que separa actos considerados románticos de actitudes siniestras, del estilo de: “cariño te espero para que no tengas que volver sola a casa” o “te acecho para ver con quién andas” que son dos versiones de la misma acción “la de acompañar a tu pareja a casa” a las que solo les separa “la intención” y que generalmente comienzan siempre desde ese matiz bonito y romántico.

Es tristemente típico, escuchar en parejas jóvenes, comentar, “ay, préstame tu móvil un momento que me he quedado sin batería” que con el tiempo se vuelve “déjame ver tu teléfono móvil, al fin y cabo no tienes nada que ocultar” y finalmente se convierte en una “inspección rutinaria” de la intimada de la pareja, mientras se observa de una forma “normal o natural”.

Pero no tiene por qué ser una realidad para todo el mundo, hay quién es feliz con los celos, incluso hay parejas para las que actitudes de celos constantes, son consideradas necesarias, entonces, Dónde debemos poner el límite a los Celos, en mi opinión es muy sencillo, el límite debe ser la salud emocional de la persona que “recibe” esos celos.

Es decir, si con frecuencia mi pareja me pide el móvil o quiere saber dónde o con quién estoy (entre otras tantas fórmulas de celos) y sus preguntas me causan estrés en el sentido “a ver qué le digo o qué hago para que no se enfade” o si sientes que constantemente te asechan, controlan, vigilan o que tienes que estar justificando tus actos, da igual lo diga él o ella, debes hablarlo y poner unos límites claros.

Porque los celos son un monstruo que se alimenta día a día, y si las personas que los sienten no les ponen freno deben hacerlo sus parejas, haciéndoles ver que todos, aun teniendo pareja debemos tener, incluso necesitamos nuestro espacio vital, nuestra intimidad y conseguir que entiendan que no es que ocultemos cosas, sino que no tenemos por qué vivir justificando nuestra virtud.

Personalmente creo que hay momentos y elementos, que forman parte de nuestra intimidad, un diario (para quien lo lleve), los dispositivos electrónicos (porque la gran cantidad de información personal), nuestras estancias en el baño, nuestro sexo, entre otros, son momentos y elementos críticos en la intimidad de las personas, entre otros tantos y ser pareja no debería ser un boleto sin límites para perturbar de cualquier manera esa intimidad.

Podría ponerte muchos ejemplos pero voy a centrarme en dos: puedo dejarte mi teléfono, incluso si eres un desconocido que lo necesita en determinado momento, por tanto es normal que si eres mi pareja también puedas utilizarlo, pero, ser pareja no da derecho a inspeccionar cada detalle de ese móvil siempre quieras, ¿no crees?.

Como segundo ejemplo, nuestro cuerpo, al cabo del día muchas personas lo tocan, dar la mano, un beso al saludar, abrazos, ir al médico etc, y a tu pareja, a la que le sueles permitir un acceso amplio también puede tocarte, pero ser pareja no le da derecho a sexo (por ejemplo) siempre que quiera, es cuando existe un deseo mutuo, o al menos un consentimiento mutuo cuando debemos hacerlo ¿no crees?. Mi cuerpo es mío, el tuyo es tuyo y los compartimos siempre que ambos queramos, es lo lógico, ¿no?. Lo contrario es sin duda una violación.

Los celos son un capítulo aparte en el mundo de las relaciones de pareja, son esa sal que le da sabor, que condimenta las relaciones pero recuerda que los excesos no son buenos, y que nunca es tarde para decir, ¡basta! y poner límites, porque las relaciones de pareja deben ser un complemento emocional que nos ayude a ser mejores y más felices, no una jaula que nos perturbe y nos estrese, al menos esa es mi opinión, ¿cuál es la tuya?. Como siempre espero tus comentarios y a ti en nuestro próximo viaje por los sentidos.

by LamaquinistaX

De Murcia para el Mundo

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