El Placer del Poder

El Placer del Poder

No hay misterio en hablar sobre lo placentero que es ser poderoso, es algo que no se compra con dinero, tenemos que ganárnoslo, es sin duda un tema que guarda mucha relación con nuestra sexualidad, porque tener el poder en este plano, es revitalizante, erótico, sexual, cómo no iba a hablar de El Placer del Poder.

El poder, es tan embriagador que muy pronto descubrimos el placer que produce tenerlo, incluso desde niños, como cuando tus padres te preguntaban quién había hecho “eso” y tu sabias que tenías el “bienestar” de tu hermano en tus manos, porque tus padres se fiaban de tu opinión, esos breves instantes en los que todas las miradas estaban en ti, la de tus padres intrigados, la de tu hermano aterrado, porque sabía que no lo había hecho, la culpa era tuya, pero tú eras el encargado de decidir quién “pagaba la fiesta”.

Ese momento en el que descubrimos que valíamos más de lo que nos pensábamos, que tampoco hacía falta tanta historia, para ser feliz; cuando comprendes que el secreto de la felicidad es no tomarte nada demasiado en serio, que lo único que realmente necesitas es ser feliz y que la única dueña de esa pequeña prisión donde albergamos nuestras sonrisas somos nosotras mismas… Eso amigas, eso, es PODER.

También cuando descubres que eres la dueña de tus orgasmos y del placer de esa otra persona que te acompaña, que con un beso o un susurro consigas que su piel se revolucione, que le cambie la forma de mirar y que el poder de tus manos, tu boca y tu ser, sea el encargado de encender las entrañas de esa persona que hoy te llama amor.

En mi opinión, no sabemos de qué estamos hechos hasta que tenemos poder , esa sensación de saber quién vive o muere, quien gana o pierde, si un corazón se rompe o si nace una nueva relación, pero no solo el poder sobre los demás, también sobre nosotros mismos, el poder de elegir, de decidir, de amar, de sentir…

Es curioso, porque hace unos meses veía una serie sobre lesbianas, (muy buena por cierto, de la que hablaré otro día) y me di cuenta de muchos detalles que quizás le faltan a la típica relación hetero, relacionadas con el poder, con la posición, una vez más, no me refiero a nada material, sino al abordaje, por ejemplo, que se hacían entre ellas, o su forma de sentir.

Parecían tan honestas y calmadas en la forma de expresar sus sentimientos, aunque no siempre era sinónimo de mejores relaciones, pero sí que parecía cómo más natural, por ejemplo, a la hora de ligar, se decían, “me gustas, ¿te puedo besar?”, claro en un contexto algo más complejo, pero la cuestión es que eso, una simple pregunta otorga poder, el poder de decidir, ya no es el típico chico que después de invitarte a cenar se te lanza encima cómo un tigre a una gacela, sino es una persona respetando a otra y pidiendo permiso para entrar en su espacio personal.

Desmontando esos mitos de que las mujeres “no sabemos lo que queremos” o “que decimos que no, cuando queremos decir sí” porque lo cierto es que todos tenemos dudas, pero cuando algo realmente nos gusta, no nos ofende que nos lo pregunten y si el problema son las dudas, resulta que esperar hasta que la seguridad llegue a nuestro mundo, tampoco debería ser un problema ¿a qué no?.

PERO, como dicen los superhéroes, un gran poder, conlleva una gran responsabilidad, así que también debemos saber controlarlo, será por eso que hay quien prefiere cederlo, a la vida, a la pareja, a las circunstancias y dejarse llevar, esto cómo todo en la vida puede ser positivo siempre que no abusemos, tener el control sobre nuestra vida, sobre nuestro cuerpo, repercute en todo nuestro mundo y perderlo o cederlo, también.

Solo cuando nos conocemos a profundidad podremos hablar de verdadero poder, cuando sepamos de lo que somos capaces, descubrimos nuestros límites y aun así controlarlos, flexibilizarlos o superarlos si es necesario.

Es entonces cuando sabemos lo que nos gusta, lo que nos apasiona, nos enciende, nos estremece y sabemos que está en nuestras manos disfrutarlo, ya sea con nosotros mismo o con la pareja que tenga el placer de compartirlo con nosotras.

Nada tan sexy y tan imponente como alguien que se sabe dueño de sí mismo, que sabe lo que quiere y que va por ello (sin atropellar a nadie), esas personas que no necesitan estar a la moda, ni comprar nada en concreto y que son capaces NO de desnudarte con la mirada, sino de conseguir que tú misma quieras quitarte la ropa, eso es poder…

Como decía al comienzo, el poder no es algo que podamos comprar, tenemos que ganarlo, conquistarlo y con suerte, compartirlo, ¿no crees?. Y tú ¿A qué esperas? Como siempre espero tus comentarios y a ti en nuestro próximo viaje.

by LamaquinistaX

De Murcia para el Mundo

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